martes, 28 de agosto de 2012

Tú estás cocida, yo frita. Las gordas que no eligen lugar


Yo soy Chicharronia Quesillo, mi nombre lo dice todo, una gordita de chicarrón, y a mi tocó ser fritoamericana, como a muchas comidas regionales más.


Mi historia no es la mejor, pero es singular ya que tengo todo y nada, existen cultivos tremendos aquí en fritoamérica, pero sin embargo yo estoy hecha de los desechos del puerco. Sale más barato y algunos dicen que soy más rica, aunque mucho menos nutritiva… ahh, cada quien, el problema es que nosotros los fritoamericanos pertenecemos a esa perspectiva fritotalitaria y sin eslabones fijos.

Siempre he sido fritoamericana, pero no sé con quién y cómo identificarme, sé que pertenezco a los fritos pero, ah! Es tán difícil… los tamales son de otro color y a veces se fríen y a veces no; las quesadillas pueden ser en comal o doradas, por lo cual son fritas, pero no siempre; los tlacoyos son igual que las quesadillas, y esos hasta más raros! Verdes!;  A veces es mejor juntarse con los  Fast Food sajones, aunque siempre andan en friega y viendo a quién chingan…

A veces pienso que mi identidad es rara; soy  fritoamericana, específicamente de América central o conocida como República Quesillana, y estudio en la FCPyS ( Fonda de Carnes Procesadas y Saturadas). ¿Qué me identifica? ¡Nada! Pensamos distinto, actuamos distinto, vestimos distinto e incluso el vocabulario de cada quien cambia. He notado que eso que nos identifica se llama sentido de pertenencia, y es cuando nos ponen en el mismo escurridor y todas las gorditas vemos a ese objeto como algo con un valor simbólico, más allá de ahí dejar el aceite que derramamos.

Lo mismo pasa con la nación,  y esto es aún más diverso ya que hay etnias de tamales: que los de hoja de plátano y los de hoja de maíz, pero, lo que hay que notar es que todos al final ven a esa envoltura como la protectora de sí mismo, lo que los cubre y a veces asfixia, lo que los define como tamales fritoamericanos.

¿Y lo fritoamericano? ¡Pff! Ni qué decir más allá del sentido que se tiene sobre la naturaleza y el aceite caliente, ese amor por el traste en el que somos comidas, de el futbol movido y las canciones con voces graves que siempre son bailables y un poco repetitivas.

¿La violencia? No se sabe qué pensar cuando una gordita cae “accidentalmente” del freidor, hay rumores que sólo despejan la noticia, que la enfrían y la dejan en la reflexión sin seguridad de nada, como el caso del gran Manuel Buendía, que si son gordas o son tamales.

Fin.


He ahí el ser latinoamericano, vivir sin la seguridad de nada a pesar de poderlo tener todo sin “crucificar” a nadie, sentirse parte sin formar la parte…

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