Yo soy Chicharronia Quesillo,
mi nombre lo dice todo, una gordita de chicarrón, y a mi tocó ser
fritoamericana, como a muchas comidas regionales más.
Mi historia no es la mejor,
pero es singular ya que tengo todo y nada, existen cultivos tremendos aquí en
fritoamérica, pero sin embargo yo estoy hecha de los desechos del puerco. Sale
más barato y algunos dicen que soy más rica, aunque mucho menos nutritiva… ahh,
cada quien, el problema es que nosotros los fritoamericanos pertenecemos a esa
perspectiva fritotalitaria y sin eslabones fijos.
Siempre he sido
fritoamericana, pero no sé con quién y cómo identificarme, sé que pertenezco a
los fritos pero, ah! Es tán difícil… los tamales son de otro color y a veces se
fríen y a veces no; las quesadillas pueden ser en comal o doradas, por lo cual
son fritas, pero no siempre; los tlacoyos son igual que las quesadillas, y esos
hasta más raros! Verdes!; A veces es
mejor juntarse con los Fast Food
sajones, aunque siempre andan en friega y viendo a quién chingan…
A veces pienso que mi
identidad es rara; soy fritoamericana,
específicamente de América central o conocida como República Quesillana, y estudio
en la FCPyS ( Fonda de Carnes Procesadas y Saturadas). ¿Qué me identifica?
¡Nada! Pensamos distinto, actuamos distinto, vestimos distinto e incluso el
vocabulario de cada quien cambia. He notado que eso que nos identifica se llama
sentido de pertenencia, y es cuando nos ponen en el mismo escurridor y todas
las gorditas vemos a ese objeto como algo con un valor simbólico, más allá de
ahí dejar el aceite que derramamos.
Lo mismo pasa con la
nación, y esto es aún más diverso ya que
hay etnias de tamales: que los de hoja de plátano y los de hoja de maíz, pero,
lo que hay que notar es que todos al final ven a esa envoltura como la
protectora de sí mismo, lo que los cubre y a veces asfixia, lo que los define
como tamales fritoamericanos.
¿Y lo fritoamericano? ¡Pff!
Ni qué decir más allá del sentido que se tiene sobre la naturaleza y el aceite
caliente, ese amor por el traste en el que somos comidas, de el futbol movido y
las canciones con voces graves que siempre son bailables y un poco repetitivas.
¿La violencia? No se sabe qué
pensar cuando una gordita cae “accidentalmente” del freidor, hay rumores que
sólo despejan la noticia, que la enfrían y la dejan en la reflexión sin
seguridad de nada, como el caso del gran Manuel Buendía, que si son gordas o son
tamales.
Fin.
He ahí el ser
latinoamericano, vivir sin la seguridad de nada a pesar de poderlo tener todo
sin “crucificar” a nadie, sentirse parte sin formar la parte…
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